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‘El crimen de Cuenca’, una película de Pilar Miró

 

 

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El crimen de Cuenca

«Cuando el viento suena entre las cañas, se oye la voz del Cepa que pide justicia desde la otra vida». Esto decía el actor Eduardo Calvo, tratando de dar vida al personaje feudal que más tarde, en confesión, moribundo en su lecho y listo a recibir el sacramento de la extremaunción, delató a dos campesinos, solo culpables de una ideología acorde con su situación de explotados por venir de una alcurnia sin heráldica ni posibles. La delación, debido a las posteriores torturas que vivieron los detenidos, obligó a estos dos amigos, sabiéndose cada cual inocente en sí, no solo a firmar la culpabilidad del otro, también a la autoinculpación en un crimen inexistente. La máxima aspiración de los representantes de la ley, bien sea por ponerse a la altura del soborno o para satisfacer sus ansias de justicia o brillantez legal, es un reo convicto y confeso.  Pero, por desgracia o por no perjudicarse a sí mismo, se presentan circunstancias en las que el acusado se empeña en no confesar o no tiene nada que decir. Es entonces cuando parece que la única opción consiste en lograr como fuere la confesión. Y ese como fuere puede ser terrible. Paradójicamente, por una de esas ofuscaciones de la razón que produce leviatanes, la tortura ingresó en el sistema judicial para asegurar una justa sentencia.

Abajo: Víctor Matellano y Guillermo Montesinos, director y actor del documental ‘Regresa el Cepa’. Fotos de Víctor Paniagua.

Y es el propio Cepa, otro campesino analfabeto señalado como la víctima y que en este film, ‘El crimen de Cuenca’, personaje que recrea el excelente actor Guillermo Montesinos, quien -como ocurrió en los sucesos acaecidos en 1910, y tras cuarenta años después de haberse rodado el film-, ahora regresa en el documental dirigido por Victor Matellano y que se titula  ‘Regresa el Cepa’, para volver a gritar que está vivo y recordarnos que los juicios humanos son falibles, máxime si consideramos la sempiterna existencia de prácticas corruptas pautadas por personas carentes de prejuicios para malear las garantías procesales. Desde siempre, ni el mejor de los sistemas ha podido garantizar un protocólogo suficiente o debidamente espartano como para que el resultado ofrezca una conclusión rigurosamente cierta. La administración de la justicia ha vivido demasiados periodos acompañada de prácticas horrendas, torturas judiciales y policiales terribles, prebendas negociadas por intereses latifundistas, políticos, religiosos o fruto de cualquier avaricia, incluso por apetitos carnales insatisfechos, que la desposeía de cualquier pretensión de equidad y credibilidad. Recordemos el caso de Galileo, también a Giordano Bruno, sin pasar por alto el caso que menciona Voltaire, en su  Diccionario filosófico, año1764, en el artículo Sentencias de muerte, que refiere así la indebida ejecución del zaragozano Miguel Servet, quemado en Ginebra a fuego lento con leña verde.   

Centrándonos en el tema que nos ocupa hoy, esta película basada en hechos reales y que tan valientemente aceptó y acertó a dirigir Pilar Miró, producida por el insigne Alfredo Matas, viene a contarnos, después de hacerse y rehacerse siete veces el guión finalmente firmado por Lola Salvador Maldonado y la propia Pilar Miró, que los tiempos no cambian. Se maquillan los hechos, se visten con el disfraz de la época. Creamos nuevos adjetivos para definir con mejor bondad esto y aquello pero, lo que concierne a los humanos, no cambia. Seguimos empeñados en la trágica carrera de prevalecer con nuestros credos, miedos e intereses, sobre los demás. Digo esto porque hace unos días y con un lleno hasta la bandera, en La Real Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas, a quien agradecemos la iniciativa, tuvimos la oportunidad de asistir a la proyección de la película y el documental. En medio, durante el descanso, hubo unas palabras de  Víctor Matellano y  Guillermo Montesinos. El actor vino a recordar los peligros que vivió todo el equipo de rodaje, claro que especialmente la heroica Pilar Miró, tras el rodaje de la película. ¿Quién pudiera suponer que ya en periodo democrático, año 1981, la expresión artística se sometiera a censura? Pues sí, esto ocurrió en nuestros país. La película pasó a ser secuestrada, durante dos años, por el ejercito. Pilar Miro, mujer y directora de cine en un mundo de hombres educados para la prepotencia de la dictadura que tan ficticiamente había quedado atrás, fue juzgada y sentenciada por un tribunal  militar. Malos tiempos hubieran corrido para esta directora de cine, caso de haber prosperado aquel golpe militar perpetrado por Tejero como cabeza más visible, que no única…

Gonzalo Miró y varios momentos de la presentación en la Academia de Cine del documental ‘Regresa el Cepa’. Fotos de Víctor Paniagua.

Por fortuna, ‘El crimen de Cuenca’ se estrenó tras el golpe del 23F. Fue un éxito absoluto, se recaudaron cuatrocientos millones de pesetas. Dos años antes, el día previsto para su estreno y como deshonra para el gobierno de entonces, en los cines programados para proyectarla fue sustituida por otra del inolvidable Alfredo Landa, ‘Polvos mágicos’.

En fin, tomemos como valiosa la huella de aquellas experiencia pues, gracias a la heroicidad y el talento de quienes creyeron en el séptimo arte como vehículo para lograr un mundo más justo, cambió la ley. Nunca más se necesitaría un permiso previo para estrenar una película. Crucemos los dedos y que no regresen aquellos tiempos de represión aunque, como alguien -pido perdón por no recordar su nombre-, dice en el documental, hemos cambiado aquella censura por una dictadura mucho peor aún, la autocensura.

Equivocarse es humano, así aprendemos y es una de las características congénitas de nuestra naturaleza, lo mismo que también lo es el reconocer los errores y, cuando es posible, corregirlos. Poco más puedo añadir a lo ya tantas veces escrito sobre esta historia que pasó por el cuarto oscuro de las cloacas gubernamentales, ustedes mismos pueden recorrer las páginas y página que han quedado para nuestra memoria en Internet.

Por ello nos despedimos de ustedes con esta sugerencia: Si consideran que es preciso repasar nuestra la historia para que dejemos de tropezar con la misma piedra, no se pierdan la película y el documental.

El 10 de octubre se celebra el día internacional contra la pena de muerte.

Ramón G. del Pomar.

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