Decálogo de las cosas que odio

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cosas que odio

Permítanme que hoy me aproveche de este blog para lanzar mi desahogo en forma de decálogo de las cosas que no me gustan e incluso que odio y que desde hoy quiero comunicar al mundo entero:

.-Odio que cuando tengo prisa por la mañana para ir al trabajo se me coloque un coche delante a la mitad de la velocidad permitida en plena carretera de curvas. Entiendo que tiene todo su derecho a emular a una tortuga pero también muy poca sensibilidad conmigo que en ese momento estoy desencadenando todo un flujo de emociones que me llevarán a que mi día sea estresante de más.

.-Detesto que me llamen por teléfono cuando voy a empezar a comer, sobre todo, en esos días que he decidido prepararme una suculenta comida y me he pasado toda la mañana cocinando para disfrutar de ese momento. Y como me parece que queda muy desagradable decirlo a mi interlocutor, al final acaba enfriándose.

.-No me gusta que cuando salgo de mi casa y me percato de que llevo una insignificante mancha en el pantalón que no se ha quitado después de haberla lavado, un vecino me diga: “Tienes una mancha”; y que yo me sienta así obligado a contestar: “Ah, pues…no sé…se me habrá ensuciado ahora”; aunque en realidad sé que ya la última vez que lo lavé no se quitó y, pese a todo, como es mi pantalón favorito, he decidido ponérmelo.

.-Me enfurece que me llamen caballero o señor cuando voy a comprar a una tienda…incluso me dan ganas de no volver a entrar más. Con hablarme de o evitar hacerme sentir mayor bastaría para que se convirtiera en una de mis tiendas favoritas.

.-Estoy harto de que me pasen por delante en los hipermercados personas que sólo tienen dos ó tres productos porque yo llevo el carro lleno. Me ha ocurrido que he permitido que cobren antes a uno, a dos, a tres e incluso a cuatro clientes…y 4 por 3 son 12 productos, casi los mismos que yo llevo en mi carro; me voy de allí con la sensación de que me alguien ha salido engañado y no han sido todos los que me han adelantado.

.-No comprendo por qué cuando estoy a punto de aparcar y viene un listo y ocupa el sitio sólo le pito y si veo que se enfrenta a mí con bravuconería miro a otro lado y me marcho con el fin de no complicarme la vida, cuando lo que el cuerpo me pediría sería salir y escupir a la cara a quien me ha robado la plaza de parking sin mediar palabra, por su desfachatez y chulería.

.-Me revuelve el estómago entrar a un restaurante y comprobar que, por no ser cliente habitual, el personal del mismo me ubique en el peor sitio porque me dice que el resto está ocupado cuando mis ojos ven que no es así, que me atienda tarde y con brusquedad y responda a mis objeciones con arrogancia como si fuera yo el que tuviera que agradecerle que me alimente por un módico precio diez veces superior al que me costaría en mi casa.

.-Me solivianto con los políticos que se convierten en portavoces míos y dicen todo lo contrario de lo que yo mismo opino y además me tratan de convencer de que realmente es eso lo que creo y no lo que yo mismo imaginaba que pensaba.

.-No puedo con las personas que me miran por encima del hombro como si su mierda oliera mejor que la mía o su dinero o poder les convirtieran en personas más importante que yo para la pervivencia de la especie humana.

Así que si alguien me sorprende en un momento posterior a vivir alguna de estas situaciones u otras cien mil que me molestan, que por cierto sucede nada más que en un 10 % de las horas de mi vida, y ven mis ojos avinagrados o mi gesto poco empático, ya tienen argumentos para entender que me sobrepasan y que, por tanto, no puedo evitar sentir lo que siento ni actuar como actúo. De cualquier manera, vayan por delante mis disculpas…a quienes seguramente nunca se plantearán que también a mí ellos me han ofendido.

Jesús Toral.

Imagen de Free-Photos en Pixabay

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